5, abril, 2025
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Este sábado arranca el posgrado de plantas medicinales de la UNR: No es que las enfermedades sean más agresivas, es que estamos mal nosotros

Guillermo Correa

“Las plantas no son medicina alternativa. Son la original”, se puede leer en una imagen que recuerda a un tiempo y conocimiento perdidos. Pero no del todo: este sábado 5 de abril se inicia el posgrado de plantas medicinales de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario. Es la séptima edición de un desarrollo pensado mayoritaria, pero no excluyentemente, para profesionales de la salud, pero además, en tiempos de crueldad económica, cobra otro significado y acaso lo que en las primeras ediciones abría una oportunidad, ahora pase a ser imprescindible. Explica Marcelo Sauro –médico egresado de la UNR, director del posgrado y durante años a cargo de un área de la Salud Pública de Rosario que integró plantas, Medicina Ayurveda y otras terapias –“Y cosmovisiones”, va a aclarar– que no se trata meramente de utilizar una planta determinada para un síntoma determinado como si se tratara de una farmacia, sino que el trayecto abarca también “ir a las causas” de una dolencia y hasta incluso blindar al cuerpo con micronutrientes –“Los alimentos están cada vez más degradados”– para que la causa, y obviamente el síntoma nunca se presente. Es lo que estudiarán y trabajaran durante los próximos dos años las y los cursantes, quienes además tendrán plantas a su cuidado. En parte en broma, pero también no, se pregunta si alguien que no puede o no sabe cuidar una planta, va hacerlo con una persona: “Es mucho más difícil cuidar una vida humana”.

El curso de posgrado se llama “Plantas para la salud. Fitoterapia”, y desde sus inicios, en 2014, fue adquiriendo en cada edición mayor relieve. La mayor parte de los cursantes, dice Sauro, son de Rosario y de localidades aledañas. Pero en la última cohorte, cuyos últimos trabajos finales se están entregando ahora mismo llegaron a viajar desde Mar del Plata y el interior de Córdoba, además de la ciudad de Buenos Aires, una vez al mes, para el cursado presencial.

Entre los docentes estables e invitados hay experticia, y no sólo en plantas: además del propio Sauro, se cuentan la farmacéutica Griselda Franchini, la médica Susana Scarpatti, y ente los invitados el ingeniero agrónomo Dario Colaneri, especialista en cultivos agroecológicos; la licenciada María Kossmann, educadora y promotora sobre temas ambientales y ecologistas, la médica Sofía Maiorana, especializada en el abordaje del cannabis para la salud, y una licenciada en Trabajo Social, Yamila Frison, formada en alimentación higienista.

Las y los cursantes en tanto tienen un límite: “Nosotros siempre preferimos entre 20 y 40”, marca el docente, y refiere a El Ciudadano que si bien el recorrido es grupal no se pierde de vista el aprendizaje individual. Las inscripciones ya orillan la treintena, pero siempre cambia: “Nos pasa es que entre el primer y segundo módulo tenemos nuevos inscriptos, y que generalmente hacemos una instancia de recuperación con esos que no participaron del primer módulo”.

El fascinante mundo de las plantas

Son todas estimaciones, pero se calcula que la Medicina Tradicional China tiene uso y conocimiento de unas 5 mil variedades de plantas. Las medicinas de los pueblos mesoamericano utilizaron unas 1.400, hasta que la conquista española y portuguesa fragmentaron o aniquilaron parte de ese conocimiento. Cuando se formó el área en la Salud Pública municipal, dos décadas atrás, se iniciaron con unas 12. Y era todo un desafío, que distinguió a Rosario de los demás sistemas a nivel local.

El posgrado de la Facultad de Medicina lleva formados unos tres centenares de profesionales de distintas geografías, mayoritariamente del sur de Santa Fe y del centro y norte de la provincia de Buenos Aires, y de Capital Federal. Y Sauro menciona que esa red ha seguido vinculada: “Incluso ahora nos están demandando el que hagamos otra instancia. O sea, los que ya tomaron el posgrado, los que ya aprobaron el posgrado, piden otras instancias de formación por encima del posgrado”.

Con centenares de personas que atravesaron el posgrado, también aparece otro aporte, que con el paso del tiempo va cobrando volumen: los trabajos finales son investigaciones en sí, y se va formando una nueva biblioteca que condensa conocimientos dispersos, aun perdidos en el tiempo. De hecho, entre los módulos aparecen las medicinas de comunidades originarias, parte de la farmacopea que investigaron, adoptaron y ampliaron por miles de años, antes que existiera una carrera de Medicina o siquiera una casa de estudios. Esos conocimientos, en parte, van siendo rescatados y ya se piensa en su publicación, en lo que aparece como el surgimiento de una nueva fuente, cuyo objetivo, simplemente, es la salud de las personas.

“Tenemos desde trabajos etnobotánicos, donde trabajan con comunidades y ahí van relevando el uso de las plantas en una comunidad determinada, hasta trabajos donde focalizan sobre una patología y qué plantas pueden utilizar en esa patología. Trabajos donde focalizan en una planta y desarrollo. Y también Hemos tenido algunos muy distintos, como fichas de plantas en Braille, para no videntes”, sorprende. “Y corregidas por no videntes, o sea, evaluadas en la en la precisión de ese detalle”, agrega.

También menciona cuentos infantiles con los usos medicinales de plantas, y trabajos sobre plantas silvestres comestibles: “En los últimos años estuvieron participando varios nutricionistas o médicos interesados en esa temática. Y también últimamente hemos tenido muchos trabajos de veterinarios y odontólogos, interesados en trabajar con plantas sobre patologías de animales, o el posible uso en salud bucal. Siempre es muy variado y muy interesante”.

El nombre de la rosa

El director del posgrado sugiere que el campo de posibilidades es tan ilimitado que involucra los posibles usos de plantas “desde otras filosofías o desde otras cosmovisiones”. Y explica: “Está lo clásico del uso de las plantas para una inflamación por ejemplo, que ahora está muy de moda la cúrcuma, para las inflamaciones. Pero el llantén, la malva son muy buenas también”. Siempre con una lógica: “¿Tiene una inflamación? Bueno, desinflamo”. Pero hay más: “Nosotros en el posgrado trabajamos desde la cosmovisión de lo que es el sistema de medicina ayurveda. o desde la filosofía asiática más China. Entonces, proponemos también el uso de las plantas desde los Cinco Movimientos de la Medicina China, o desde la interpretación de Ayurveda”.

“Esto abre a que se pueda trabajar no sólo sobre el efecto con las plantas como se suele trabajar con los medicamentos, sino también tratando de ir más a los orígenes de los problemas, a lo causal”, completa.

Y sintetiza: “No sólo enseñamos lo tradicional de la herbolaria, que sería el uso de las plantas desde la herbolaria europea. También lo tratamos de relacionar con estas otras como cosmovisiones, y por eso tenemos dos seminarios incluso de pueblos originarios americanos que también nos sirven para ese para dar más cosmovisiones, pero además para aumentar las relaciones que se pueden hacer ante una situación determinada”.

Así, la perspectiva es integradora, no excluyente: “Lo que nosotros planteamos siempre es que esto es una es algo complementario a los sistemas convencionales, a la medicina convencional. Es decir, no que se descarte una opción o la otra, sino que se puedan utilizar distintas medicinas en forma complementaria. Y más en esta época”.

Sauro rescata que existe un interés latente, y creciente: “Muchos profesionales de de la salud eh buscan otra formación más allá de la formación convencional, para ampliar esa mirada y ampliar las variables tanto diagnósticas como terapéuticas. Y nosotros, en los primeros módulos, trabajamos en una serie de contenidos básicos: por un lado, el marco teórico desde donde nos posicionamos, que tiene que ver que con la biodiversidad, la agroecología, la soberanía alimentaria. Eso lo vamos sosteniendo, digamos, a lo largo del cursado. Es una parte básica también para después, porque el profesional que puede cultivar y puede hacer sus propios preparados, marca una diferencia muy importante con el que no”.

Sauro va a concluir con otra diferencia –y advertencia– general y su impacto crítico sobre la salud: la calidad de los alimentos. “En los últimos años han perdido mucho contenido de lo que es minerales, moléculas, porque la tierra está cada vez más degradada. Entonces, los lugares que producen tanto plantas medicinales como alimentos, sino hacen mejoras en la tierra a través de compost, a través de nutrientes, sus plantas van a ser de menor calidad. Esto ya lo vemos comúnmente en que las enfermedades cada vez son más agresivas. Pero no es que sean más agresivas, es que estamos mal nosotros: peor alimentados, con pocos nutrientes. Hay enfermedades que mejoran aportando determinados alimentos agroecológicos. Tenemos que incorporar micronutrientes de las plantas que actúan a nivel del corazón, del hígado, de las arterias, de los riñones”.

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